Rita quiere recuperar su privacidad
Ahora Rita quiere que la dejen tranquila. Empezó compartiendo pequeños detalles cotidianos de su vida; el concón con habichuelas que le guardó de comida su tía abuela, la chercha y la conversación amena en una acera cualquiera, una, dos y hasta tres fotitos frente al espejo de la disco, la bebida en la mesa de la disco, los muchachos de la disco; la disco...la vida diaria de Rita en las redes sociales es como un libro abierto en el banco de un parque; de manera que todo el que pase o se siente allí tiene la oportunidad de curiosear y opinar sobre él. Pasaron los meses y Rita siguió compartiendo su vida al mejor estilo del "real time".
Su entusiasmo compartidor se fue incrementando en la medida en que también aumentaban sus espectadores que, como seguidores, le dejaban miles de comentarios halagadores en cada nuevo post donde mostraba su fabuloso estilo de vida.
Ha debido sentirse querida, amada, y hasta como una celebridad; porque solía comentar en la oficina con aires de grandeza que su popularidad iba cada día en aumento, y que sus seguidores - a quienes llamaba cariñosamente “fans”- le subían el ánimo cada día.
Pobre chica, pensaba yo, desde mi escritorio, con unos audífonos disque oyendo música, pero enterándome de to´.
¡Ay, ay, ay! Pero como en las novelas, la vida de Rita dio un giro inesperado. En el capítulo de hoy, Rita está muy molesta y decepcionada de sus “fans”. Hace mucho que dejamos de prestarle atención a sus comentarios narcisistas de “figura de redes”, pero ha llegado a la oficina echando pestes y diciendo que se siente acosada, que se han inventado mil historias sobre ella, que lo sucedido la otra noche en la disco no es como lo están contando, que la gente no puede hablar sin saber, que con qué derecho…y en eso me volteo y le digo:
“Amiga, usted fue quien abrió la puerta de su casa e invitó a todo el mundo a pasar”.
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