Una legión de desconocidos
Ahora no nos conocemos. Tenemos la excusa perfecta para no saludarnos, para ignorarnos y para, ante la duda, decir que es por culpa de este objeto que nos cubre la mitad de la cara. Si el mundo se fue convirtiendo en una rueda sin freno por las prisas del día a día, ahora sí es verdad que llegamos a donde íbamos. Porque, a pesar de los esfuerzos de algunos de llevar una vida normal ante esta “nueva normalidad”, uno anda en la calle estresado, preocupado y, ¿quién lo diría?, más ensimismado que nunca. Amemados, nadie conoce a nadie. Andamos inseguros de quién es quién, y más bien preocupados por no tocarnos la cara y no dejarnos tocar por el otro, no vaya a ser cosa. El supermercado, ese sitio preferido de la casualidad para juntar a la gente que hace mucho no se veían, se ha convertido en un almacén hostil, en una pasarela de almas con máscaras, a las que solo se les ve la mirada. Ahora ya no importa si vamos con pijamas al súper porque nadie nos reconocerá. Y, sin embargo, no ha...