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Mostrando las entradas de 2021

El uniforme de las postalitas repetidas

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Yo iba a contarles algo sobre los llamados “influencers” pero aquí se apareció don Felipe como un “Tuti” y tengo que resolver este problema.  El universo no hace más que mandarme pruebas porque, explíqueme alguien ¿de dónde sacó este hombre la idea de ponerse estos pantalones tipo tubito? Felipe no es del todo formal, a menos que el caso lo amerite. Es más bien un hombre que viste casual, con un gusto exquisito que, sin ser arriesgado, no cae en lo aburrido. Sabe vestirse y sabe que es una de las cosas que más me gustan de él. A pesar de los años juntos, Felipe y yo tratamos de mantener el contacto físico tanto como se pueda, en todas sus maneras, por más mínimo e insignificante que parezca. Seguimos tan flechados uno del otro que conservamos los pequeños detalles intactos, al igual que el humor y la confianza. Por eso, luego de la amorosa bienvenida, me atreví a preguntar: - ¿Viste lo calurosa que está la temperatura hoy? -No hace falta: la estoy sintiendo. Pero, ¿por qué pre...

Hoy tengo demasiadas preguntas

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Nada es grave ni gran cosa hasta que no te pasa a ti, a un familiar o a un conocido. Así están las cosas. Todo el mundo puesto para lo suyo a costa de lo que sea y al precio que sea. La sociedad está tan distorsionada que el “hoy y el ahora” es lo único que importa. Esa frase es perfecta repetírsela cuando se está demasiado preocupado por el futuro, mientras se está vacacionando, compartiendo, disfrutando; para calmar cierto grado de ansiedad que se le mete a uno mientras piensa en exceso por lo que aún no ha sucedido. Pero la verdad es que en la cotidianidad; en el día a día nuestras acciones y la forma en la que nos relacionamos con los demás sí debería importar. Porque usted no es una isla, y lo que da más vuelta después de un trompo es la vida. Es precisamente la gente, tu gente, la que va a meter la mano por ti, la que va a estar ahí, te dirá que sí y buscará la forma de impulsarte o canalizar la ayuda que necesitas. Es esa gente que va a apoyarte y a recomendarte a cambio d...

¿Y esta vergüenza de dónde salió?

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A mí no me  luce, no. Digo, los tiempos han cambiado, supongo que uno también lo hace a medida que crece. Pero cuando vuelvo y pienso en ese momento, me pregunto: ¿Y esta vergüenza de dónde salió? Tuve un par de compañeros en la oficina que, como buenos amigos, se pasaban todo el día haciéndose bromas entre sí. Como machera que se respeta, llegué a participar de esas sanas burlas en las que terminábamos muertos de risa. ¡Awww, qué tiempos aquellos!   Eran jornadas largas y tensas en el mundo de la comunicación y el marketing digital…pero esa es otra historia. El caso es que había un comentario en particular que uno de   los amigos siempre le hacía a otro y que, por hacerlo con tanta insistencia, lograba su objetivo: molestarlo. Javier era un ochentero perdido en la música y esos éxitos icónicos de la década sonaban en su escritorio cada mañana; todos los que estuvimos cerca terminábamos tarareando las canciones que él ponía en un volumen prudentemente bajito. Pero...

El club de padres de Liquito

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Liquito, así llamaba mi padre al padre de mi mejor amiga. Un hombre jovial, alegre y dicharachero; Liquito era esa clase de persona que siempre estaba dispuesto para compartir un cuento o una anécdota jocosa. Y esa personalidad se la contagió a los demás miembros de su familia. La casa de mi amiga era conocida por su número: “La cuatro”. Quedaba justo en la esquina y su espaciosa marquesina funcionaba como el salón de festejos del vecindario.  El ánimo de compartir y ese espíritu de disfrutar de la vida llevaban a Liquito a permitir que las celebraciones siempre terminaran en su casa y más allá: en la acera .    Todas las tardes las mecedoras de hierro pintadas de blanco estaban afuera. Dos javillas centenarias habían levantado el pavimento pero la   sombra era muy buena. Un escenario que Liquito consideró ideal y neutral para que, poco a poco, se convirtiera en una peña. Cada día, los papás de la calle acudían al llamado visual de las mecedoras blancas. Mientras tom...

Toca hablar de mi madre

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A esta altura del juego, son incontables las vergüenzas y bochornos que me hizo pasar mi mamá.  Y sigue haciendo de las suyas, porque no hace más que aprovechar la presencia de Felipe para actuar como si el hijo de ella  fuera él y no yo. Se hija única no es fácil, ese nivel de protección que debía estar repartida en los hermanos y hermanas que no tengo se concentraron   solo en mí. Entonces, para colmo, siempre fui rebelde. Por eso los episodios incómodos entre mi mamá y yo fueron…digamos que muchos. Cuando eres   joven, a pesar de la   buena relación y conexión que puedas tener con tu madre, tu inmadurez no te permite ver el alcance y la inmensidad su amor; porque mientras ella te reprocha y trata de corregirte, tú estás descubriendo el mundo, adaptándote a él y siendo fiel a tu propia personalidad, y te crees invencible. Dicen que el hombre se hace demasiado sabio cuando ya   es demasiado viejo, y creo que es verdad. Porque mientras tu madre intent...

Conquistando a un hombre con un perro

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Hace mucho que Marsela no me salía con una de las de ella. ¿Ustedes no tienen una amiga de esas que cada cierto tiempo como que chispea? Bueno, la nueva de Marsela es que quiere un perro.  Ella dice que necesita uno para ir al parque. Lo tiene todo planeado: me dice que adoptará un perro para que sea su mascota, que lo llevará a pasear con ella mientras se ejercita en el parque y que un día de esos, que ella espera que no sea uno muy lejano, se volverá a topar con el muchacho alto que siempre va con su perro, y con el que ha cruzado miradas fugaces. Unjú, le digo. Veo que lo pensaste todo muy bien ¿eh? Sí, sí. Me contesta ella emocionada. Sí, Mati, es que cuando nos volvamos a encontrar su perro querrá jugar con el mío y entonces ahí es cuando voy a aprovechar para acercarme y que empecemos a hablar. ¡Marsela me da una risa! Por más que yo le cuento mis propias experiencias y ella se entere por otros medios de la crueldad del mundo, no hay forma de que ella abandone su ingenuidad....

La soledad y no la de Laura Pausini

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Todavía me acuerdo de cómo algunas personas decían –convencidas– que la pandemia sacaría lo mejor de nosotros, que nos haría mejores humanos. Cuánta fe, cuánta ilusión. Hace justo un año que toda esta pesadilla inició, pesadilla sí; porque a muchas familias les tocó, y aún les toca, vivir situaciones realmente difíciles, económicas, de salud, de angustia, de muertes. Un año pasa rápido, tan rápido como la vida misma que se ha transformado y nos tiene «atrapados» en esta nueva realidad. Toda crisis deviene en crecimiento y avance, pero en ese proceso de transformación hay quienes pagan un alto costo. La pandemia nos ha obligado a luchar por mantenernos vivos y cuerdos, sobre todo cuerdos ante tantos cambios bruscos e inesperados. Ha sido un gran reto, y mientras pasan los meses y el mundo sigue girando en busca de recuperar su dinamismo, también ha quedado al descubierto que no es verdad que resultamos en mejores personas. No, qué va. Los buenos siguen siéndolo y los malos, esos...

El amor secreto de Crucita

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  El otro día se armó una gallareta intensa en la oficina. Crucita llegó hasta su escritorio con una sonrisa de oreja a oreja y cinco rosas envueltas en un gran lazo. Rita, que suele enviarse flores ella misma para luego decir que fue su enamorado, sacó la cabeza de su computadora y con tono de envidia preguntó: – ¿Dónde compraste esas flores tan bonitas?» Crucita la miró y le contestó, sabiendo que esa era una pregunta colectiva: – No las he comprado, me las han mandado. Sonó un aplauso, y el murmullo de los comentarios llegó hasta el pasillo. Como si la urgencia de acompañamiento fuera nuestra, no suya, la algarabía no cesó. Luego de mucho tiempo de aparente soledad, Crucita, por fin, tenía un nuevo amor. De inmediato surgieron las preguntas sobre la identidad del autor. Crucita no respondía, solo reía y reía. Se acercaba la fecha en que se celebra a los enamorados y un tema pendiente era la distribución de las tareas decorativas, y la coordinación de aquella tradicional fiesta e...

La Hora Santa en el grupo de WhatsApp

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Es increíble que en pleno inicio del 2021 tengamos que tocar este tema. A mi me da hasta un poco de vergüenza pero ya estoy convencida de que, mientras existan los grupos laborales en WhatsApp, esta historia será la de nunca acabar.  Primero debo aclarar que no estoy de acuerdo con esta informal manera  de comunicar en una empresa, exceptuando los casos de proyectos o situaciones especiales que tienen la característica de temporal.  Es decir, una vez que termine dicho proyecto, que se proceda al cierre del grupo, porque para todo lo demás existen los correos internos ¿sabían? Ah no, pero los forman y hay quienes proponen la idea de hacer más de uno, y otros lo aceptan, ¿pero están locos? Y tú, desde la otra acera, aunque no quieras, te ves en la obligación de ingresar.  Al principio las reglas parecen estar más que claras: ¿qué podría estar mal? Es un grupo laboral, se supone que no hay mucho que aclarar. Pero no pasan 24 horas cuando ya comienzan a fastidiar.  ...