Entre dos amantes
A veces me ocurre que no sé qué voy a almorzar. Ese día salgo sin rumbo fijo de la oficina y dejo que el cuerpo me lleve a donde quiera; así fue que terminé en la tienda de la estación de gasolina de la esquina. “A comer disparates al medio día”, fue lo primero que pensé cuando hice conciencia de que estaba entrando al diminuto y variado establecimiento que tiene disponible desde bloqueadores solares, calipsos y vinos a temperatura exacta para tomar, hasta monederos y empanadas horneadas de jamón, queso y salsa de pizza. Cuando entré, un hombre de mediana edad estaba sentado, solo, en una de las pequeñas mesas. Por inercia me senté en la mesa de enfrente sin saber que al hacerlo me tocaría ser testigo de lo que venía, o más bien; la que vendría. El hombre miraba su reloj con cierta frecuencia y la pantalla de su celular se iluminaba de cuando en cuando con lo que yo asumo eran mensajes que ingresaban a su WhatsApp. Él los miraba sin perder la calma y cuando vi que una sonr...