Los hombres también son indiscretos…y así tienes que responderles
Desde ayer estoy dándole vueltas a este asunto. Nunca me había pasado esto con un hombre. Uno quiere ser una bonita persona, pero la gente no ayuda. Durante mis años de universidad fui tan flaca como un palo de escoba, no importaron los desayunos callejeros, las hamburguesas a deshoras, las noches festivas para celebrar el final de cada semestre con exceso de alcohol ni los fritos con salami a las tres de la mañana; nada, nada me hizo engordar. En aquel entonces no era alguien preocupada por lo físico, y en este momento de mi vida tampoco me preocupa este tema más allá de lo que significa satisfacción y bienestar personal. Es por esto que también soy incapaz de negarme placeres y, definitivamente, uno de ellos siempre ha sido comer lo que me de la gana. Así, con esta filosofía a cuestas ha pasado el tiempo. He madurado y junto conmigo lo ha hecho mi cuerpo, que ahora tiene la forma de una mujer hecha y derecha, segura, cómoda consigo misma y con la figura que poco se a...