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Mostrando las entradas de 2018

Cena de reconciliación

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Felipe y yo nos queremos. Tenemos una bonita relación que respeta los espacios. Ni él anda tras de mí ni yo detrás de él. Nos tenemos, con la certeza y la conciencia de la libertad. Compartimos con nuestros seres queridos y los aceptamos. Yo acepto, por ejemplo, a su madre. Pero la señora no acepta algunas cosas de mí: la honestidad con la que digo las cosas, que ni en sueños soy ni seré una mujer sumisa y tampoco acepta mi cabello. Y acabo de recordarle todo esto a Felipe, que hace poco me llama para decirme que estamos invitados “a cenar con mamá”. -Pero es un relajo, ¿verdad? -No. - me contestó- -Tengo mucho sueño, amor, estoy cansada. ¿Tengo que ponerme a esta hora de la mañana a hacerte una lista de todos los momentos épicos que ha protagonizado tu madre, en favor de que soltemos esto en banda? Le pregunté yo. Cuando la doña supo de mi existencia en la vida de Felipe no hizo esfuerzo alguno por disimular que mi afro anaranjado era un tanto peculiar. -Felipe, y...

Hablando de decoración navideña…

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Desde que vivo sola renuncié por completo a la idea de decorar la casa por la Navidad. ¿Qué sentido tendría? Siempre veía y escuchaba a mis amigos y familiares con un estrés pre-navideño porque tenían que armar el arbolito, cambiar cortinas, sacar vajillas, que si los cojines, que si poner un par de renos en el baño para sostener el papel de sanitario. Y luego en enero la trabajosa tarea de recoger todo como en “foni uno” … ¿en serio me iba a sumar a esa histeria colectiva? No. Por supuesto que soy el “Grinch”, siempre ha sido así. Pero es que, además, no tengo ni presupuesto – ni fuerzas- para las compras de accesorios navideños. Y me abruman los pasillos de las tiendas con sus miles de opciones de coronas para las puertas, el sin fin de objetos de innumerables formas, duendes, bolas, cascabeles y personajes en rojo, verde, azul, morado, blanco…. ¡Uff! En mi edificio, el único apartamento que no tiene sus bombillitos es el mío. Mis vecinos se han esmerado tanto con las luces d...

Entre dos amantes

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A veces me ocurre que no sé qué voy a almorzar. Ese día salgo sin rumbo fijo de la oficina y dejo que el cuerpo me lleve a donde quiera; así fue que terminé en la tienda de la estación de gasolina de la esquina. “A comer disparates al medio día”, fue lo primero que pensé cuando hice conciencia de que estaba entrando al diminuto y variado establecimiento que tiene disponible desde bloqueadores solares, calipsos y vinos a temperatura exacta para tomar, hasta monederos y empanadas horneadas de jamón, queso y salsa de pizza.  Cuando entré, un hombre de mediana edad estaba sentado, solo, en una de las pequeñas mesas. Por inercia me senté en la mesa de enfrente sin saber que al hacerlo me tocaría ser testigo de lo que venía, o más bien; la que vendría. El hombre miraba su reloj con cierta frecuencia y la pantalla de su celular se iluminaba de cuando en cuando con lo que yo asumo eran mensajes que ingresaban a su WhatsApp. Él los miraba sin perder la calma y cuando vi que una sonr...

Una carta para ti

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Hay muchas cosas que no se dicen y temas que no se tocan cuando un pariente enferma de cáncer. Como en una colmena, en una familia unida los esfuerzos se concentran en proteger, reparar o resolver un problema. Y en el proceso hay desgaste físico pero sobre todo emocional. Porque, aunque afuera todo siga igual, la perspectiva de los afectados se torna gris. Es como si la realidad se vistiera de unas ropas que impiden la distracción, el respiro o el disfrute con otras cosas. Y realmente, nadie tiene la culpa. Hay una prioridad y esa es darlo todo, hacerlo todo, estar siempre; es un deber como miembro, como familia. Y se calla. Se calla el sufrimiento propio, la angustia, la incertidumbre, las dudas, las deudas y el cansancio. Cuando alguien sufre esta enfermedad es un error alimentar el discurso de que se está en una batalla y que quien lo padece es una guerrera o luchadora. Es una dolencia que consume y que hay que afrontar con la mejor actitud que permitan los ánimos, para alivia...

Con los tenis bien puestos

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Soy una de esas mujeres que no sigue las tendencias. Digamos que mi estilo es del tipo que puede resolver el mundo vestida de un par de jeans, sean largos o cortos, porque siempre están a la mano, no necesitas plancharlos y siempre puedes combinarlos con cualquier pieza y salir triunfante con el mejor de los looks.  Sí, me gusta la comodidad. Además, porque es parte de mi personalidad el disfrutar de la vida desde el aspecto más relajado y sin posturas. Y con esta filosofía me presento cada día a trabajar. Por supuesto; mi oficio nada tiene que ver con la formalidad de un banco ni la rigurosidad de un encargado de contabilidad. Sin embargo, nunca antes como ahora estoy echando la casa por la ventana; estoy abusando en nombre de la moda con todo y argumento: tengo más pares de tenis que sandalias y aprovechando que "son tendencia" lo único que me falta es salir del baño con uno de ellos puestos. Porque son "el calzado de temporada", aunque yo los uso desde...

El libro que vino con audio

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Estaba muy contenta. A muchos les puede parecer una tontería, pero, luego de varios días agotadores, por fin tenía una tarde LIBRE. Para que tengan una idea más clara, mientras muchos disfrutaron en Semana Santa y se dedicaron a “explotar ojos” en las redes sociales posteando fotos sobre lo mucho que se la estaban gozando: yo estuve trabajando. Sí, todos los días. Y es por eso que esa tarde que conseguí solo para mí, libre de compromisos, la estaba saboreando con una felicidad infantil. Marsela quiso que aprovecháramos el tiempo para salir y comprar nuevos lentes de sol. Le dije que no. Necesitaba estar a solas conmigo. Felipe también me llamó, con la propuesta de tacos y cervezas en casa y también me negué. Quería respirar, volver a encontrarme por unas horas porque últimamente, sin darme cuenta, había asumido tantas responsabilidades que no tenía tiempo ni para leer ni para tomarme un café. Así que me fui. Me senté en uno mis rincones favoritos de la ciudad con un libro...

Mujer, ¿amiga o enemiga?

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Las principales enemigas de las mujeres somos nosotras mismas. Y no, no pongas cara de asombro mientras lees esto que seguro sabes a qué me refiero. No sé muy bien el por qué, pero suele suceder que cuando una mujer a nuestro al rededor destaca, tiene éxito, o simplemente va hermosamente vestida o arreglada, ¿de dónde vienen las críticas? ¿Quiénes son las primeras en señalar sus posibles errores o desaciertos? Te sabes la respuesta, ¿verdad? Traigo el tema porque esas costumbres cotidianas parecen pequeñeces, pero no lo son. Hace mucho que las mujeres venimos reclamando más participación, trato igualitario y el debido respeto en una sociedad liderada por hombres, y lo poco que se ha logrado (sí, porque aún nos falta mucho) ha sido gracias a la valentía de muchas que supieron unirse y luchar para tumbarle el pulso al sistema, pero cuando aquellas mujeres se involucraron en esa lucha no lo hacían solo pensando en ellas; sino también es sus madres, sus hijas y por consecuencia en las g...