Una mañana en el banco
Puede que mucha gente no se identifique con esta historia porque desde que existen los servicios electrónicos las visitas al banco, para los de mi generación, son cada vez menos frecuentes. Sin embargo, no me voy a quedar callada porque todos en algún momento tenemos que hacer fila en un banco. Entonces, en un país donde abundan los tapones, donde hay que pensarlo muy bien para “agarrar” ese carro y aventurarse a las calles a realizar algo que sabes que en tiempo real te toma 15 minutos, pero que entre la burocracia y el tránsito tardarás una o dos horas; no es posible tremendo abuso. A esta hora de la mañana yo debería estar en el salón, recibiendo en mi cabeza los masajes de Bethy, la única que se atreve a enfrentarse a mi abundante afro, pero no; tuve que posponer mi “beauty day” porque temprano me avisaron que el cheque que me debían de un “picoteo” por fin tenía fondos. Y yo, rauda y veloz, no lo pensé dos veces y vine al banco buscar ese dinerito. Han pasado ...