Los hombres también son indiscretos…y así tienes que responderles
Desde ayer estoy dándole vueltas a este
asunto. Nunca me había pasado esto con un hombre. Uno quiere ser una bonita persona,
pero la gente no ayuda.
Durante mis años de universidad fui tan flaca como un
palo de escoba, no importaron los desayunos callejeros, las hamburguesas a
deshoras, las noches festivas para celebrar el final de cada semestre con
exceso de alcohol ni los fritos con salami a las tres de la mañana; nada, nada
me hizo engordar.
En aquel entonces no era alguien preocupada
por lo físico, y en este momento de mi vida tampoco me preocupa este tema más
allá de lo que significa satisfacción y bienestar personal. Es por esto que
también soy incapaz de negarme placeres y, definitivamente, uno de ellos
siempre ha sido comer lo que me de la gana.
Así, con esta filosofía a cuestas ha pasado
el tiempo. He madurado y junto conmigo lo ha hecho mi cuerpo, que ahora tiene
la forma de una mujer hecha y derecha, segura, cómoda consigo misma y con la
figura que poco se asemeja a la Matilda universitaria.
Pude explicarle todo esto así, como se lo
cuento a ustedes, a un ex compañero de carrera con el que me encontré ayer,
cuyo saludo después de tantos años sin vernos fue señalarme con cara de preocupación y
alarma que estaba gorda.
Tengo
que confesarles que me tomó por sorpresa y no era mi mejor día. Uno suele
esperar este tipo de indiscreciones malévolas de otra mujer, pero ¿que sea un
hombre que tome nota de tu peso, y que lo haga en público como lo hizo ese
condenado? Su comentario provocó que todos los que pasaban a nuestro lado
voltearan a verme de arriba abajo. Pero como a mí la vida me ha entrenado para
no dejarme pisotear, rápidamente le contesté:
-
Ay sí, ¿viste? Me siento super
sexy y a Felipe le fascina.
Y a provechando
que todavía teníamos el público que él convocó con su atrevido comentario, le
dije:
-
¿Y a ti que te pasa? Parece que
te pasó por arriba un camión. ¿Te está yendo bien? Podemos hablarlo si quieres….
Imaginen su cara de sorpresa. A que no se
atreve a ser tan boca floja una próxima vez. ¡Fuerza mis niñas!

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