Malas compañías
A veces resulta
difícil, sí, pero hay muchas cosas que podemos motorizar o ponerle freno si
agarramos el toro por los cuernos. Es decir; cuando se trata de nuestras vidas
el otro no tiene por qué interferir de tal manera que nos haga sentir
incómodos. No le den ese permiso a nadie.
Y sin saber por qué o
cuál situación uno está pasando ¡hasta se burlan! Pero señores, ¿a dónde es que
fue a parar la comprensión y la solidaridad con el otro? Dejen de mirarse el
ombligo y piense un poco en los demás.
Recuerdo a una chica
en el trabajo que había estado llevando caldo de verduras para almorzar. Día
tras día, al destapar su recipiente no había sorpresa: era el mismo caldo de
verduras.
Un par de colegas no
tardó en notarlo y, abusando de la disque confianza de amistad, hacían
comentarios que terminaron por hacerla sentir mal. Ella estaba en una dieta
especial por un problema de salud del que simplemente no quería hablar. ¿Y qué
pasó? Que la última vez que comió en esa mesa, dejó que hablaran de su comida,
que dijeran que estaba demasiado flaca, que tenía que comer más, etc, etc.
La chica se paró de su
silla, les entregó una servilleta a ambas y les dijo:
─Buen
provecho.
Hay otra mesa donde
ella y su caldo de verduras no reciben críticas. Párate, y vete tú también.
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