¿Y esta vergüenza de dónde salió?

A mí no me  luce, no. Digo, los tiempos han cambiado, supongo que uno también lo hace a medida que crece. Pero cuando vuelvo y pienso en ese momento, me pregunto: ¿Y esta vergüenza de dónde salió?

Tuve un par de compañeros en la oficina que, como buenos amigos, se pasaban todo el día haciéndose bromas entre sí. Como machera que se respeta, llegué a participar de esas sanas burlas en las que terminábamos muertos de risa. ¡Awww, qué tiempos aquellos!  Eran jornadas largas y tensas en el mundo de la comunicación y el marketing digital…pero esa es otra historia.

El caso es que había un comentario en particular que uno de  los amigos siempre le hacía a otro y que, por hacerlo con tanta insistencia, lograba su objetivo: molestarlo.

Javier era un ochentero perdido en la música y esos éxitos icónicos de la década sonaban en su escritorio cada mañana; todos los que estuvimos cerca terminábamos tarareando las canciones que él ponía en un volumen prudentemente bajito.

Pero también escuchábamos las altas voces que interrumpían la lista para sugerirle con frecuencia que se cambiara al modo Premium. Sabemos que no es casualidad, ese servicio de música online sube el volumen de los anuncios con un único propósito, y es el de que todos sepan que estás usando el modo gratuito.

Ese era el momento que aprovechaba Hugo para fastidiarlo y le advertía que un día estaría en una cita romántica en su casa y que esas voces lo delatarían haciéndole quedar mal.

“Gran cosa, a mí no me importa. A mi hay que quererme con todo modo gratis”, se defendía Javier.

Y yo apoyaba su versión, porque también estaba dispuesta a pagar el precio de lo gratis: las molestosas voces clamando por el Premium.

Así pensaba yo hasta el otro día, que acepté llevar a casa a un grupito para despedir la maestría y durante la picadera la cháchara cesó solo para que se escuchara un “GRACIAS POR ESCUCHAR…”, dicho por una voz femenina que parece en estado de felicidad por haberle revelado a todos que usas el modo gratis.

Estoy segura que además de Javier y yo, somos muchos los de este grupo. ¿O no? Pero insisto: a mí no me luce sentir vergüenza por eso, no.

Comentarios