Los audífonos de mi vida

El mundo anda loco. No es mentira. Vivimos en medio de una gran bulla sonora y visual que no cesa, por eso hay que buscar un poco de paz. 
No se trata de aislarse y vivir como si nada nos importara, pero tampoco es necesario saberlo todo porque, total; ¿para qué le van a servir a uno ciertas informaciones? Tal y como están las cosas, lo que hay que procurar es ser cada vez más selectivo y llenarse la cabeza con cosas que sí nos interesen y nos aporten. 
Estoy haciendo esta reflexión porque estoy agotada. El cansancio de estos tiempos es mental, no físico. No sé si me entienden, es que ahora todo es noticia y todos quieren ser o se creen famosos. Uno se agota de tanto tema monotemático y de los virales… 
Y, además, están las veces que nos toca trabajar en un ambiente tóxico, donde los chismes y la avalancha de comentarios de todo tipo amenazan con quitarnos concentración, tiempo y energía. Es momento de recurrir a los audífonos. ¡Ay de mí, el día que me quede sin ellos en la oficina! 
Es que, si no te enteras del tema del momento por redes, terminas sabiéndolo porque es el tema del día donde quiera que vayas. Los que me conocen, y los que no, me dicen “hater”, solo porque decido ir y pensar en otra dirección. ¿No se cansan de hablar de lo mismo y que sean otros los que le pongan la agenda o los temas? Parece que ya nadie quiere pensar. 
Justo ahora se ha formado un nuevo cuchicheo detrás de mí, no puedo contarles de qué se trata porque yo, que nunca me trazo metas anuales, me he propuesto huirle a todo lo que no me ayude a crecer y me quite paz. Quizá no se han dado cuenta, pero respirar es más que tomar aire y soltarlo.  

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