Aquí, en la fiesta navideña de la empresa

“Estoy aquí por las rifas”, me gritó Rita al oído al momento de su llegada al salón que rebosaba de ritmo por un merengazo del Conjunto Quisqueya, y acto seguido se fue a repartir abrazos y sonrisas por las mesas contiguas. 


Y así, con el mismo sabor y afirmación, mucha gente repetía lo mismo en aquella fiesta que cada año organiza la empresa para que los empleados compartan en armonía por la llegada de la Navidad. 

Pero también están los que van por la comida y la bebida. ¡Y no lo ocultan! Llegan, y de inmediato preguntan qué es lo que están dando de tomar y empiezan mirar a todas partes como si buscaran caras conocidas para saludarlas pero no, en realidad están buscando al mesero más cercano para hacerle señas. Una vez que se acaba la fiesta los ves saliendo medio borrachos o agarrados por otros colegas hablando en un tono altísimo y preguntando por el sitio en el que van a seguir la parranda navideña. 


Ajá, se les olvida que mañana continúa, pero no la parranda no; lo que sigue igual es el trabajo. 


Lo curioso es que este dato también se le escapa a algunas chicas que aprovechan estos agasajos navideños para demostrar que en su otra vida, mínimo, fueron bailarinas de un club nocturno...amiga: en esta fiesta están todos los gerentes y si lo que usted busca es un ascenso y que, de paso, se le respete, se equivocó de lugar y forma. 


¿Y saben qué más? Que no estamos en Las Vegas, así que aquí no aplica el dicho aquel de que todo lo que pase se quedará allí, no. Estas historias tienen varias partes como la Guerra de las Galaxias o Harry Potter, y se cuentan cada día en todas las oficinas, en la boca de todos los colegas; hablando de los jartones que se sirven varios platos, de los borrachos que dieron un show y de aquella joven a la que nadie le imaginaba ciertas destrezas.  

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