Mi mata de aguacates


Por culpa de la pandemia aún estamos en cuarentena.
Es una situación difícil y triste para muchos.
También es una nueva normalidad que ha dejado al descubierto muchas cosas; las deficiencias de los sistemas sanitarios, las acciones locas de muchos mandatarios y la desobediencia e imprudencia de nosotros mismos.
Por otro lado, los que hemos tenido algo de suerte aún conservamos nuestro trabajo, y nos han dejado hacerlo desde casa.

Estar todo este tiempo aquí metida no ha sido una gran tragedia para mí porque disfruto estar a solas conmigo, en la paz de mi hogar. Para más suerte, este año la mata de aguacate me premió con una buena cosecha que tiene a más de uno velando los frutos que no son suyos.
Y uno de ellos es el delivery, que, sin que yo lo supiera, tiene todos los aguacates ubicados.

-Usted ve, este año sí.
-Que este año sí, ¿qué cosa?
-Este año ´ta buena la cosecha de aguacates. Porque mire, el año pasado casi no echó nada…
-Oh, ¿de verdad? No lo recuerdo.
-Sí, pero este año hay aguacate por un tubo, y a mí que me gustan tanto…
- ¿Ajá? Mira qué bien…

No, pero yo me quedé de una pieza. ¿Él me estaba pidiendo aguacates? ¿O acaso me estaba advirtiendo que iba a “tomar prestado algunos”?

Como la canción aquella, muchos de mis aguacates están bajitos. Se pueden coger fácilmente con las manos. Y yo no sé ustedes, pero yo estoy pagando por ese “oro verde” entre 70 y 100 pesos solo por darme el gusto.
Entonces, después de esa conversación, no se extrañen si me ven con la compu trabajando desde la terraza, como Rambo entre las ramas, vigilando a que el delivery no vaya a llevarse mis aguacates mientras se pasea por el frente de mi casa. ¿Me estoy pasando?



























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