El uniforme de las postalitas repetidas

Yo iba a contarles algo sobre los llamados “influencers” pero aquí se apareció don Felipe como un “Tuti” y tengo que resolver este problema. 

El universo no hace más que mandarme pruebas porque, explíqueme alguien ¿de dónde sacó este hombre la idea de ponerse estos pantalones tipo tubito?

Felipe no es del todo formal, a menos que el caso lo amerite. Es más bien un hombre que viste casual, con un gusto exquisito que, sin ser arriesgado, no cae en lo aburrido. Sabe vestirse y sabe que es una de las cosas que más me gustan de él.

A pesar de los años juntos, Felipe y yo tratamos de mantener el contacto físico tanto como se pueda, en todas sus maneras, por más mínimo e insignificante que parezca. Seguimos tan flechados uno del otro que conservamos los pequeños detalles intactos, al igual que el humor y la confianza. Por eso, luego de la amorosa bienvenida, me atreví a preguntar:

- ¿Viste lo calurosa que está la temperatura hoy?

-No hace falta: la estoy sintiendo. Pero, ¿por qué preguntas?
-Bueno, pensé que por eso viniste disfrazado de esquimalito, más bien; de un tuti.
-Qué astuta eres, Mati, ¡me descubriste! Es para que me comas…

-¡Ningún, ningún Felipe! Le dije, “Deja el chistesito que no te ves nada sexy con esos pantaloncitos que parecen de tu sobrinito y que además son brinca charco”.

Malo de una risa, Felipe me confesó que solo estaba intentando introducir cambios en su estilo, para verse más “de moda”. Luego de escucharlo, deduje que este episodio no podía ser más que una de esas crisis que le da a la gente cuando siente que se está poniendo vieja.

Se canceló la salida, mi hombre necesita apoyo y conversación seria. 

Abrí una botella de vino para recordarle y explicarle como a un niño de cinco años algunos mandatos básicos sobre la moda: primero, la ropa debe reflejar tu personalidad, debe gustarte lo que te pones y debes estar cómodo con eso; dos: que algo esté de moda no significa, ¡por amor al pan con aguacate! que debas ponértelo y mucho menos que te queda bien; y tres: trata de no montarte en olas, lo que hace fascinante a una persona es verse diferente a todas esas postalitas impresas en serie.

¿No has notado cómo en muchos lugares públicos, por la forma de vestir, muchas personas se parecen? Trata de no ser una de ellas. 

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