La expectativa de esta primavera
Algo grande debe venir por ahí que Felipe, un hombre que no es de picnics, ha propuesto que nos vayamos una tarde al parque para darle la bienvenida a la primavera, y “yo me encargo de todo”, dijo.
¡Sí señor! Esta primavera
además de flores y alergias, viene con buenas nuevas. Corro a avisarle a
Marsela para que me de apoyo logístico para tan importante día y que además
esté pendiente de recordarme que debo bajarle dos a mi nivel de tosquedad, no
vaya a ser cosa que arruine ¿la propuesta? Mmm…
Felipe me conoce bien; pienso
para mis adentros.
A él no debe sorprenderle nada de mí, y también sabe que el matrimonio “per se”, al igual que los tapones de la ciudad, está en la imaginación de much@s pero no en la mía.
Entonces, ¿qué se traerá entre manos el señorito Felipe?
Sea lo que sea, ahora
sin poder evitarlo estoy en modo expectativa.
Y ese sentimiento se ha incrementado porque no le he hecho ninguna
pregunta y él tampoco me ha dado muchos detalles.
Marsela dice que me calme, pero es en la calma donde
más se fomenta mi curiosidad. Él solo dijo: vamos al parque a celebrar…¿acaso
estoy nerviosa?
Sin querer me encuentro
ensayando, o más bien; imaginando las posibles reacciones que pudiera tener
ante lo que pueda suceder. ¿Habrá
invitado a algunas personas a modo de sorpresa? ¿Estará Marsela
ocultándome algo? Si alguien osa grabarme y sube el video pa´las redes se armará la de Troya, eso sí.
Llegó el día. Hasta las trinitarias amanecieron florecidas hoy. Todo este tiempo transcurrió dentro de lo normal, no vi nada raro excepto a mi misma consumiéndome por dentro por las ansias.
Y llegó el hombre a buscarme.
Estamos a las cuatro y media en el parque. Nos desmontamos con una neverita
llena de cervecitas bien frías y un bultito con snacks y picaderas.
Espero y nada parece
ser diferente. Felipe destapa las cervezas, me pasa una y brindamos, en seguida
dice: “espera que tengo algo para ti”. Yo no sé si me cambió de color la cara
pero sentí que mis ojos me delataron.
Veo que Felipe regresa
con los brazos hacia atrás y yo ya no sé cómo es que me voy a sentar. Cuando
está frente a mí me pasa una maceta con una plantita hermosa y florecida.
-Mira, Mati. Te compré
esta plantita para tu acostumbrado ritual de
siembra por cambio de estación.
Nop. No era lo que
pensaba. Este hombre me cocina, me baila, me atiende, y está tan pendiente de
mis pequeños placeres -aunque no necesariamente los comparta- que definitivamente
no pasará ligera esta primavera.

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