Viviendo del cuento y haciendo ruido para que los noten

Ahora el arte tiene que ser complaciente. Quien crea, sea lo que sea, tiene que andar de puntillas como en un campo de minas para no herir la sensibilidad ni las creencias de grupos que están como buitres esperando lo que sea para ofenderse, sentirse lastimados, violentados y casi al borde de la muerte.

Para protestar, incitar al odio, reclamar derechos de unas llamadas minorías en las que esos, entran y salen, pertenecen y no pertenecen según convenga. 

Amén de las excepciones, que las hay ¡y muchas! donde se difunde cierto tipo de contenido en momentos y por canales oportunos para aprovechar y adoctrinar a una población vulnerable; al otro lado de esos casos están los que solo están buscando expresarse y que defienden su derecho de hacerlo, mostrando sus múltiples perspectivas a través del arte, que se consume a gusto: nadie te obliga a ir a una galería de arte a ver una exposición, nadie te lleva al cine a punta de pistola y mucho menos te pone pinzas en los ojos, como a Alex el de la Naranja Mecánica, para que te leas cierto libro, tampoco se te obliga a ir a ciertos sitios.

La educación, en el caso de los niños, es responsabilidad de la casa, siempre se ha dicho y siempre ha de ser así. Pero en el caso de los adultos, cada quien elige en qué creer y a quién seguir. Y eso, hasta el otro día era así desde hace muchos años. En eso estábamos de acuerdo todos, no sé si cambió algo del mes pasado para acá. Pero pareciera que ahora hay que vivir en pacto contigo y con el amigo. ¿Y no son ustedes mismos los que reclaman diversidad?

Bueno, la diversidad también es no estar de acuerdo con lo que tú piensas o lo que yo creo, y eso está bien. Porque tú eres una persona y yo otra. Cada quien tiene sus propios argumentos con los que puedes identificarte o no, y la vida sigue. No pasa nada. Dedícate a ti, a defender aquello en lo que crees, pero esa defensa no debe hacerse en los otros, esa acción recae sobre ti mismo; porque tus gustos, creencias, argumentos y demás son parte de lo que te define como persona, y es lo que te da estabilidad mental para ir por ahí, tomando tus propias dediciones, siendo feliz sin joder al otro. Y sabes qué, el otro también tiene derecho a hacerlo. Los linchadores apuestan a la autocensura de los demás en pensamiento, palabra y emoción.

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